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¿Es importante la genética en nuestras cerdas reproductoras?

Un gran error a la hora de elegir a nuestras futuras reproductoras es no poner como prioridad la genética. Cuando empezamos, en nuestro conocimiento empírico, creemos que es buena idea seleccionar una cerda con fines cárnicos (como Duroc, Pietrain o Hampshire) para que sea la futura madre de nuestros lechones destinados al engorde. Entonces, hacemos la selección «a ojo»: buscamos unos lindos aplomos, buen número de pezones, ¡y listo! Pensamos que ya tenemos una reproductora.

Pero de algo que no nos damos cuenta es que esa genética es, en realidad, la peor decisión que puedes tomar para tu granja.

Las cerdas cárnicas tienen diferencias biológicas enormes que juegan en nuestra contra. Déjame enumerarte las tres principales:

1) Anatomía corporal (El gran problema al parir)
Al tener una genética 100% cárnica, estas cerdas acumulan más grasa y músculo. Esto se convierte en un problema grave en el canal reproductivo, el cual es mucho más angosto y rígido. ¿En qué se traduce esto? En complicaciones severas durante el parto, partos distócicos (atascamientos) que terminan en ahogamientos de lechones, fatiga de la madre y otros problemas que ponen en riesgo la vida de la cerda y de la camada.

2) Falta de docilidad (El manejo diario)
Una cerda con características cárnicas no suele ser dócil ni tranquila. Son animales más temperamentales y difíciles de manejar. Esto complica enormemente el cuidado adecuado por parte de los galponeros al momento de asistir el parto o realizar manejos diarios, lo que se traduce en un alto índice de aplastamientos y baja supervivencia de los lechones.

3) Baja prolificidad y producción de leche
Estas cerdas, por su propia naturaleza, no están diseñadas para dar camadas numerosas. A diferencia de las líneas maternas que destacan por su gran promedio de nacidos vivos, una cerda cárnica difícilmente te dará un buen número de lechones, y con mucho esfuerzo y desgaste apenas logrará destetar a unos 8 por camada. No tienen la capacidad lechera ni el instinto para criar a un grupo grande.

Entonces… ¿Qué genética debo usar?

Si estamos en el negocio del engorde, lo ideal y lo más rentable es una cerda F1 materna.
Pero, ¿qué es exactamente una línea materna? A diferencia de las razas cárnicas, las F1 son el resultado del cruce de dos razas puramente maternas. Al unirlas, la cerda F1 hereda lo mejor de ambos mundos gracias al vigor híbrido:

  • Landrace: Aporta una tremenda habilidad materna, un cuerpo largo y espacioso que facilita los partos, orejas caídas, un temperamento muy dócil y, sobre todo, una alta prolificidad (camadas grandes) junto con una excelente producción de leche.
  • Large White (o Yorkshire): Destaca por su gran rusticidad y fortaleza, un excelente número de pezones funcionales, una altísima fertilidad y una gran capacidad de adaptabilidad, además de transmitir un instinto de cuidado excepcional para que los lechones no se mueran.

Al seleccionar una cerda F1 para reproductora, heredamos todas estas cualidades maternas. Y ahora sí, a esta excelente madre la cruzamos con un macho de raza cárnica o terminal (como Duroc o Pietrain). Así, sus lechones nacerán fuertes, numerosos, y heredarán de su padre esa gran conversión alimenticia y velocidad de crecimiento ideales para el engorde.
¡Y así es exactamente como se hace en las grandes explotaciones porcinas del mundo!


Siempre hay excepciones, déjenme decirles, queridos lectores. En las redes sociales siempre aparecen «unicornios» (casos únicos) que intentan refutar todo lo que les acabo de explicar diciendo que a ellos les va de maravilla con cualquier cerda. Y bueno… si un lote de cerdas seleccionadas al azar da resultados, me pregunto: ¿Por qué las grandes casas genéticas del mundo no replican eso? ¿Por qué gastan millones de dólares en investigación para buscar y mantener líneas hiperprolíficas si fuera tan fácil?

No intentemos inventar el agua tibia. Capacitémonos para producir con criterio, bajar costos y llevar una carne de excelente calidad a nuestros clientes.


Autor: Darío Jurado

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